Atardeceres

Cuando la tarde se hace bruma

en los colores repentinos del sol,

el viento acaricia la promesa

de escuchar tu mensaje y tu voz.

 

Claridad en la brisa que acompaña

caminatas que vuelven tras tus pasos

recordando el sendero prometido

y las huellas que has dejado atrás.

 

Es tan suave, tan fuerte, casi eterno

el aroma del paisaje que en tus ojos

se hace canto que anuncia atardeceres

entibiando el momento y esta paz.

De tanto en tanto…

En la callada soledad

que me rodea,

suaves sonidos

vienen a mi encuentro.

 

Son conocidos, familiares,

de otro tiempo.

Me rescatan del silencio

y me protegen.

 

Cuentan historias,

evocan rostros,

susurran melodías

ya olvidadas.

 

Y en esa quietud

casi añorada,

recorro instantes

lugares, pensamientos.

 

Agradezco entonces

el fugaz momento,

que tanta placidez

trajo a mi mente.

 

Tal vez, de tanto en tanto

me reconforte pensar

que aun silente

mi alma, no está sola.

Ocultamiento

Por algún lugar

debí haber perdido la confianza

y entonces ya no creí más.

 

Me imaginé a solas

pero me vi observada y controlada.

 

Traspasé mi propia imagen

y del otro lado, el espejo roto.

 

Escuché ciertas voces familiares

que salían del hueco de un ladrillo.

 

Con cuidado

arreglé la pared,

armé el espejo destruido,

cerré puertas y ventanas

y comencé a buscar

debajo de la alfombra.