Horizonte

fotos de Delfi 36-min

Caminando por la playa

descubres ese horizonte

que es futuro.

 

Te adentras en el mar

que sacude tu inmensidad

y la hace pequeña.

Contemplas el sol

que te deslumbra y aquieta

surcando viejas heridas

de sal y pesadumbres.

Sientes la arena tibia

en tus pies ya desgastados

y alivia rencores olvidados

que no perdonas.

 

Es un viaje interior

por un paisaje extraño,

que de tanto en tanto

lo sientes tan cercano

tan en las entrañas,

que te invita a llorar

con lágrimas de mar

sombras de nubes

silencios de viento.

 

Y entonces es tiempo

de volver a mirar

ese horizonte que te llama.

A flor de piel

 

Mi deseo a flor de piel.

Pero solo es lamento de un

grito atenuado por la espera

de su voz entre tanto silencio.

 

Y quiero saber cuál es el destino

que el azar

me tiene asignado.

¿Seguir vagando hasta el infinito?

¿O amarrarme a su llamada

cálida, segura, tranquila

a su pensar que escribe

palabras de deseo, placer, pasión?

 

El necio asiente.

El prudente espera.

El inquieto corre.

El cobarde huye.

 

Yo asiento, espero, corro, huyo.

 

Un quejido entrecortado se escucha entre los lamentos inconmensurables de mi tristeza.

Su voz.

 

Sólo tengo ese grito para aferrarme antes de dar el Gran Salto Final

hacia el Vacío Eterno de la Estupidez Humana: La Mentira.

 

Y mientras sostengo mi mano en alto para no morir,

una palabra – la suya – me dice que lo llame.

Y yo en obediencia tal, asiento,

y espero antes de correr en mi huida final.

 

Imágenes cambiadas

Siento temor y espanto de no verte

gritar tu nombre, esconder tus sobras

en fin, que no soy quién ni el que te nombra

soy simplemente el emisario de tu muerte.

 

Y por estar así, echado todo a suerte

es que me voy cansado y no te asombra

la luz dibuja tu perfil en sombra

mientras te vas, ella de pie, inerte.

 

Y a qué buscar distancias a lo lejos,

y a qué pensar que el tiempo es tu tirano

si solo vacío y rencor hay en tus manos

 

si cuando escucho tu voz es mi sonido.

Y lo peor, lo oculto, lo temido:

que cuando veo tu rostro es mi espejo.

Ella y él

Ocultos

siempre tras el velo clandestino

que disfraza sus figuras

en carne y alma vivas.

 

Silenciosos

en sus besos y caricias

despertando las voces

de sentencia que ellos

no escuchan.

 

Trasnochados

en eternas madrugadas

de placeres y caricias

que no esperan

la mañana – no hay tiempo –

 

Iluminados

por sus ojos encendidos

que vislumbran

sus contornos recorridos

con manos que deliran.

 

Ella y él

solo de noche

solo en penumbras

solos…

Sintiéndose.

Deseándose.

Amándose…

 

Ellos… Los amantes.

 

the-lovers-2-min

“Los amantes” René Magritte, 1928

Los otros

Por las calles

de la gran ciudad,

descubre la mirada

indiscreta de los otros.

 

No lo miran a él

no miran a nadie

lo esquivan, se entrecruzan

se evaporan.

 

Olvidaron ya hace tiempo

la presencia ardiente

el roce de los cuerpos

la calidez de las voces.

 

En esas calles

en esa gran ciudad

perdieron su humanidad

y son solo “los otros”.

En lo profundo

No es frío, no es soledad, no es desamparo

son unas terribles ganas de nadar

en lo profundo de tu mente,

y buscar allí esas respuestas

que tu boca ha sellado para siempre.

 

Tal vez encuentre lo que busco:

una idea cierta y acabada

de cuál es tu mundo, cuál tu infierno

y el porqué de tu silencio aprisionado.

 

¿Es posible asesinar sólo al pensarlo

tu irremediable soledad hecha de ausencias?

¿Es posible que el cuerpo te abandone

cuando tu mente cabalga a la distancia?

 

Y siempre igual, siempre te callas

y ni aun equivocando intentos

me das una certeza, una verdad

una palabra, al menos.

 

No te preocupes:

no es frío, no es soledad, no es desamparo

es solo temor de ver que en tu espejo

se reflejen los bordes de la muerte.

Cuerpo libre

Me detengo frente al límite de tu sombra

para anunciarte y declarar en juramento

que he decidido a pesar de mis creencias,

de lo mucho que me debes y te debo,

dejarte en libertad.

 

Ya era tiempo, justo el tiempo

de abolir esclavitudes

en épocas de paz y de armonía.

No era justo, por lo tanto, ni adecuado,

retenerte con cadenas a mi sombra.

 

Ya puedes levantarte, cuerpo libre

aun arrastrándote, te marchas.

Eso sí: no gires la cabeza

puede que veas tu sombra que era esclava

encadenada a las patas de mi silla.

La espera

 

La llegada que esperas

con anhelo, con ilusión,

se esfuma entre tus manos.

 

Tanto tiempo deseando

ese regreso

y por fin te has dado cuenta

que nada ha sido cierto:

fue solo tu mente

desolada, ausente

que por ocultar tu desierto

creyó en la fantasía.

 

Ahora es tiempo

de volver a tu vida poseída

de imágenes reales

tan certeras, tan presentes

que aun crueles,

te mantienen aquí

de pie, omnipotente.

Tan distintos, tan iguales

Somos el día y la noche.

 

Yo me enciendo con el sol

tú prefieres a la luna.

 

Yo camino entre la brisa

tú te haces grande en la tormenta.

 

Yo me pierdo entre palabras

tú  siempre te callas.

 

Yo elijo recorrer la calma en la montaña

tú te adentras en el mar embravecido.

 

Yo sueño aun despierta

tu siempre con los pies bien sobre la tierra.

 

Pero aun así hay un tiempo

breve y claro

en que la noche se hace día

y en la rompiente de las olas

contra la roca inmóvil,

vienes a mi encuentro

despojado de tus miedos

a llevarme a tu mundo

que siempre ha sido el mío.