Horizonte

fotos de Delfi 36-min

Caminando por la playa

descubres ese horizonte

que es futuro.

 

Te adentras en el mar

que sacude tu inmensidad

y la hace pequeña.

Contemplas el sol

que te deslumbra y aquieta

surcando viejas heridas

de sal y pesadumbres.

Sientes la arena tibia

en tus pies ya desgastados

y alivia rencores olvidados

que no perdonas.

 

Es un viaje interior

por un paisaje extraño,

que de tanto en tanto

lo sientes tan cercano

tan en las entrañas,

que te invita a llorar

con lágrimas de mar

sombras de nubes

silencios de viento.

 

Y entonces es tiempo

de volver a mirar

ese horizonte que te llama.

Es la vida…

fotos de Delfi 13

 

Es la vida, la que ocurre

todo el tiempo

a nuestro alrededor.

 

Es decir esa palabra de consuelo

al desconocido que nos mira;

y es el silencio sin culpa

de los amantes

que no saben de palabras.

 

Es disfrutar la dulce espera

del hijo que regresa;

y es el dolor callado

y contenido

del que busca su destino.

 

Es ver la mañana de noviembre

que se cubre de celeste;

jacarandá por toda la vereda

nos invita a caminar

por su alfombra amanecida.

 

Es oír la risa de los niños

que salen de la escuela;

inunda la casa adormecida

y aquieta el silencio

de la mente que piensa y piensa.

 

Es sentir la brisa suave

que envuelve los temores;

la lluvia clara que limpia

la tristeza por un rato;

la tibieza del sol otoñal

que se cuela sin permiso.

 

Es caminar por nuevas calles

descubrir un bar donde el café

sabe a aventuras y placeres;

y paladear sorbo a sorbo

mirando el transcurrir del afuera.

 

Es contemplar el mar en el invierno

en una playa solitaria;

con  la compañía

amable y protectora de las rocas

y la arena entre los dedos.

 

Es sentarse en el banco de una plaza

donde todo florece, todo verde;

y ver la lejanía de lo ingrato

en sonidos de pájaros libres.

 

Es la vida, la que ocurre

todo el tiempo

a nuestro alrededor.

 

 

Dedicado a Coremi

Jorge Luis Borges

Escritor argentino (1899 – 1986)

IMG_20170201_192239-min

Fundación mítica de Buenos Aires

 

¿Y fue por este río de sueñera y de barro 
que las proas vinieron a fundarme la patria? 
Irían a los tumbos los barquitos pintados 
entre los camalotes de la corriente zaina. 

Pensando bien la cosa, supondremos que el río 
era azulejo entonces como oriundo del cielo 
con su estrellita roja para marcar el sitio 
en que ayunó Juan Díaz y los indios comieron. 

Lo cierto es que mil hombres y otros mil arribaron 
por un mar que tenía cinco lunas de anchura 
y aún estaba poblado de sirenas y endriagos 
y de piedras imanes que enloquecen la brújula. 

Prendieron unos ranchos trémulos en la costa, 
durmieron extrañados. Dicen que en el Riachuelo, 
pero son embelecos fraguados en la Boca. 
Fue una manzana entera y en mi barrio: en Palermo. 

Una manzana entera pero en mitá del campo 
presenciada de auroras y lluvias y sudestadas. 
La manzana pareja que persiste en mi barrio: 
Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga. 

Un almacén rosado como revés de naipe 
brilló y en la trastienda conversaron un truco; 
el almacén rosado floreció en un compadre, 
ya patrón de la esquina, ya resentido y duro. 

El primer organito salvaba el horizonte 
con su achacoso porte, su habanera y su gringo. 
El corralón seguro ya opinaba Yrigoyen, 
algún piano mandaba tangos de Saborido. 

Una cigarrería sahumó como una rosa 
el desierto. La tarde se había ahondado en ayeres, 
los hombres compartieron un pasado ilusorio. 
Sólo faltó una cosa: la vereda de enfrente. 

A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires: 
La juzgo tan eterna como el agua y el aire.

Tranquilidad

6-min

Mientras la  calma

de la noche

lo abriga,

descubre la belleza

del día que lo verá

amanecer.

 

Entonces

descansa tranquilo,

sabe que la mañana

lo espera

con deseos de brillar,

de adormecer

dudas y temores,

de vislumbrar

horizontes imaginados.

 

Nada detendrá

su espíritu, su mente,

su vida entera.

 

Se sentirá protegido

mientras la noche,

en su silencio,

lo envuelve

y lo deja soñar

con la certeza

de un día más.

Gotas

1-min

Gotas de lluvia

golpean la ventana

suavemente.

Vidrios

mojados por fuera.

Olor a tierra mojada.

Humedad

en las paredes.

Charcos

cerca de la puerta.

El agua

cae en las piedras.

Rebota y salpica.

Cae sobre las hojas

Se desliza.

Parece que danzan,

las gotas.

No hay viento.

No hay truenos.

Solo nubes.

Estoy del otro lado

de la ventana.

Oscuridad

de este lado.

Silencio

de este lado.

Sólo

puedo escuchar

las gotas de lluvia

que golpean

suavemente

la ventana.

Con eso

me alcanza.

Gigantes

Majestuosos, protectores, desafiantes.

Cobijo de las aves y del hombre.

Estoicos, ancestrales,

escondite de la lluvia y del sol.

 

Aferrados a la tierra,

pretenden llegar al cielo.

Se mecen con placer

con la briza matinal.

Rugen con dolor

ante el viento despiadado.

 

Pero siempre de pie,

Siempre erguidos,

Siempre esperando la muerte

con la altiva humildad de los grandes.

 

Porque Alejandro Casona

tenía razón…

Los de buena madera, como los árboles,

mueren de pie.