Una historia más…

Y esta es otra historia.

La de aquel que enfundado en una soledad ausente y visceral, sin rastros de presencias y rencores, azotado por el peso infame de años perdidos, traicionados, recorre cada día las mismas calles conocidas, repetidas que se acoplan suavemente a las huellas ya dejadas.

Y es la historia de quien sin remedio ni retorno, sigue buscando en el fino contorno de cada baldosa, algo que algún día dejó.

Camina con los ojos entreabiertos

con su ropa raída

de andar siempre con lo puesto,

de no tener quien le cosa,

de tirarse en la tierra reseca y lastimada,

con su ropa acostumbrada a su

forma y a su piel.

Y en sus pies, las botas

de su combate, gastadas

polvorientas, con las marcas

de lluvias y sequías taladrando

el cuero. El de sus pies.

 

No lleva nada en la cabeza.  Será por eso que se le ha dibujado un pájaro dormido que por las noches le canta para hacerlo dormir. Y que no sueñe. Porque de eso ya se ha olvidado.

Sus bolsillos están vacíos

de pan

de nostalgias

de alguna carta de amor

de hijos y mujer

de casa

de olor humeante y cotidiano

de sabor a beso recién dado.

 

Solo le queda su memoria. No quiere perderla. No quiere perder lo único que no han podido quitarle.

Y es por ella, que cada

día logra recordar

el camino de vuelta,

de vuelta al agujero de siempre,

a sus trapos y miserias,

al terraplén del tren

que ya no pasa,

al puente sobre la basura y la tristeza,

a sus paredes de aire y cielo,

a la negrura de su tierra envilecida,

a los olores enterrados que brotan entre

los yuyos descoloridos.

 

Por eso sale todos los días a caminar para respirar un poco de aire puro,

para robarle los olores a las casas con familia,

para mirar a escondidas como la gente ríe, se ama, goza.

No tiene miedo de llorar; tampoco lo haría, no sabría cómo.

Solo mira, escucha, camina.

Y arroja a su paso

de sus bolsillos vacíos

las migajas de memoria

de abandono

de locura

de agonía

de muerte

que fue juntando en cada viaje

para no olvidar el camino de vuelta.

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61 thoughts on “Una historia más…

  1. Una realidad, el ciclo de la vida. Si recordáramos todo ya con años entrados, que duro sería, dicen que nuestro cerebro tiene la capacidad de ir olvidando lo malo, y que permanecen en nuestros recuerdos aquellos momentos de felicidad, y aquellos a quienes más amamos, de esa manera es como podemos seguir adelante.

    Por cierto, me parece sentir eso de ir caminando por la calle, ver de reojo a la gente, a las parejas, a los niños jugando, y el olor que emana de las comida que juntan a las familias, y sentir la calidez que emana una casa hogareña tan sólo al mirarle por la puerta.

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  2. Bravo, Claudia, bravo. Estoy aplaudiendo como loca -mentalmente, que todos duermen-. Qué despliegue de vocabulario, de metáforas, de sentimientos… estoy impresionada.
    Es una tontería, pero me ha llamado la atención ese «que no tiene quien le cosa», ni le planche, ver a un hombre bien limpio y vestido y pensar: «ese o está casado o vive con su madre».
    Pues eso, buenísimos, de verdad. Un abrazo.

    Le gusta a 2 personas

  3. No lo se me has trasladado a Montevideo donde las personas hurgan en la basura, duermen en las puertas de los restaurantes, huyendo del frio invierno… buscando un trozo de pan… aunque mi nevera esta vacia se que podre comprar algo para el dia. Dios me bendice cada dia. Pero estas personas no lo se… Gracias Claudia por tanta sensibilidad. Esto nos demuestra que las crisis son universales.

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  4. Ayer escribí un comentario para esta entrada y por lo visto no pudo atravesar la cordillera… ¡Snif! ¡Snif!
    Y te decía de lo bien que habías logrado meterte bajo la piel de esas vidas solitarias, desposeídas no sólo de lo material; sino también de lo más importante, como son los afectos. Para volver más dura aún su realidad lo único que conserva es su memoria…
    ¡Preciosas imágenes nos has regalado, Claudia! ¡Felicitaciones!

    Le gusta a 2 personas

  5. El relato (el texto poético) me produjo dos sensaciones físicas muy diferentes, pero ambas sumamente fuertes. Al principio, cuando hablas de “recorrer las calles”, me hiciste volver de manera física a Mar del Plata o también a Buenos Aires (para ser más precisos debería hablar del sur; Lomas de Zamora o Remedios de Escalada). Por otro lado, a medida que avanzaba en la lectura, comenzó a sonar en mi cabeza Balada para un loco, de esos dos inmortales que fueron Ferrer y Piazzolla. Ésta última relación no es tan evidente, tal vez, para otros que puedan llegar a leer este comentario; pero para mí fue inevitable.

    Un fuerte abrazo.

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    1. Entiendo esas dos sensaciones… La miseria, la soledad y el abandono de un hombre que ha llegado al límite de vivir en la calle puede llegar a un punto de locura que lo hace deambular y delirar por esas otras calles que pintaba Ferrer.
      En definitiva, es un elogio enorme que mi escrito te haya evocado esos recuerdos…
      Un gran abrazo y me da mucho gusto que recorras mi blog!

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      1. Recorrer tu blog era una de las cosas que tenía pendiente; pero lamentablemente no siempre disponemos del tiempo necesario para hacer todo lo que queremos. Claro está que viendo lo que vi hoy, pasar por aquí es algo que seguiré haciendo.

        Un fuerte abrazo.

        Le gusta a 1 persona

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