Maria Elena Walsh

foto María Elena Walsh

 

Serenata para la tierra de uno

 

 Porque me duele si me quedo
pero me muero si me voy.
Por todo y a pesar de todo, mi amor,
yo quiero vivir en vos.

Por tu decencia de vidala
y por tu escándalo de sol,
por tu verano con jazmines, mi amor,
yo quiero vivir en vos.

Porque el idioma de infancia
es un secreto entre los dos.
Porque le diste reparo
al desarraigo de mi corazón.

Por tus antiguas rebeldías
y por la edad de tu dolor,
por tu esperanza interminable, mi amor,
yo quiero vivir en vos.

Para sembrarte de guitarra,
para cuidarte en cada flor
y odiar a los que te castigan, mi amor,
yo quiero vivir en vos.

Porque el idioma de infancia
es un secreto entre los dos,
porque le diste reparo
al desarraigo de mi corazón.

Porque me duele si me quedo
pero me muero si me voy.
Por todo y a pesar de todo, mi amor,
yo quiero vivir en vos.

 

Como la cigarra

 

Tantas veces me mataron,
tantas veces me morí,
sin embargo estoy aquí
resucitando.
Gracias doy a la desgracia
y a la mano con puñal
porque me mató tan mal,
y seguí cantando.

Cantando al sol como la cigarra
después de un año bajo la tierra,
igual que sobreviviente
que vuelve de la guerra.

Tantas veces me borraron,
tantas desaparecí,
a mi propio entierro fui
sola y llorando.
Hice un nudo en el pañuelo
pero me olvidé después
que no era la única vez,
y volví cantando.

Cantando al sol como la cigarra
después de un año bajo la tierra,
igual que sobreviviente
que vuelve de la guerra.

Tantas veces te mataron,
tantas resucitarás,
tantas noches pasarás
desesperando.
A la hora del naufragio
y la de la oscuridad,
alguien te rescatará
para ir cantando

Cantando al sol como la cigarra
después de un año bajo la tierra,
igual que sobreviviente
que vuelve de la guerra.

 

El cuarenta y cinco

 

Te acordás, hermano, qué tiempos aquellos…
la vida nos daba la misma lección,
en la primavera del 45
tenías quince años lo mismo que yo.
Te acordás, hermano, de aquellos cadetes…
el primer bolero y el té en el Galeón,
cuando los domingos la lluvia traía
la voz de Bing Crosby y un verso de amor.

Te acordás de la Plaza de Mayo
cuando el que te dije salía al balcón…
tanto cambió todo que el sol de la infancia
de golpe y porrazo se nos alunó.

Te acordás, hermana, qué tiempos de seca…
cuando un pobre peso daba el estirón
y al pagarnos toda una edad de rabonas
valía más vida que un millón de hoy.

Te acordás, hermana, que desde muy lejos
un olor a espanto nos enloqueció….
era de Hiroshima donde tantas chicas
tenían quince años como vos y yo.

Te acordás que más tarde la vida
vino en tacos altos y nos separó…
ya no compartimos el mismo tranvía,
sólo nos reúne la buena de Dios.

 

Los ejecutivos

 

El mundo nunca ha sido para todo el mundo,
mas hoy al parecer es de un señor
que en una escalerita de aeropuerto
cultiva un maletín, pero ninguna flor.

Sonriente y afeitado para siempre,
trajina para darnos la ilusión
de un cielo en technicolor donde muy poquitos
aprenden a jugar al golf.

¡Ay!, ¡qué vivos son los ejecutivos!
qué vivos que son,
del sillón al avión,
del avión al salón,
del harén al edén
siempre tienen razón
y además tienen la sartén
la sartén por el mango
y el mango también.

El mundo siempre fue de los que están arriba,
pero hoy es de un señor en ascensor
a quien podemos ver en las revistas
cortando el bacalao con aire triunfador.

No come para darnos el ejemplo
de rendimiento máximo y confort
digiere por teléfono y después nos vende
conciencias puras de robot.

El mundo siempre fue de algunos elegidos,
hoy es para el que elige lo mejor.
Dinámico y rodeado de azafatas
sacrificándose por un millón, o dos.

Como él tiene de todo menos tiempo,
nos aconseja por televisión
ahorrar para tener estatus en la muerte
la eternidad en un reloj.
ay que vivos…

¡Ay!, ¡qué vivos son los ejecutivos!
qué vivos que son,
del sillón al avión,
del avión al salón,
del harén al edén
siempre tienen razón
y además tienen la sartén
la sartén por el mango
y el mango también.

 

El viejo varieté

 

Enciéndanse
las nuevas luces del viejo varieté.
Puede volver,
el bailarín que imitaba a Fred Astaire.
Hoy como ayer,
necesitamos olvido y el placer
de ver a los artistas,
esos ilusionistas
que hacen el mundo desaparecer.

Prepárense,
frac trajinado y harapo de lamé.
Siempre es igual:
cartón pintado y un fondo musical.
Disimular,
el espectáculo debe continuar.
La concurrencia espera
sonrisas por afuera
y por adentro ganas de llorar.

Pasaron guerras y revoluciones,
perdimos unas cuantas ilusiones,
no la del cuento extraordinario
que alguien repite desde un escenario.
Tuvimos padres
que nos castigaron.
Tuvimos hijos
que nos criticaron.
Somos idénticos delante,
la feria mágica de los cantantes.

El Music Hall
es Judy Garland, eterna como el sol,
y el Nadie aquel
que espera un día cantar como Gardel.
Una canción
la moda cambia, no la fascinación.
A escena los artistas,
mientras el mundo exista
no se suspende la función.

 

Canción de caminantes

 

Porque el camino es árido y desalienta.
Porque tenemos miedo de andar a tientas.
Porque esperando a solas poco se alcanza,
valen más dos temores que una esperanza

Dame la mano y vamos ya,
dame la mano y vamos ya.

Si por delicadeza perdí mi vida
quiero ganar la tuya por decidida.
Porque el silencio es cruel, peligroso el viaje,
yo te doy mi canción, tú me das coraje.

Dame la mano y vamos ya,
dame la mano y vamos ya.

Ánimo nos daremos a cada paso,
ánimo compartiendo la sed y el vaso.
Ánimo, que aunque hayamos envejecido,
siempre el dolor parece recién nacido.

Dame la mano y vamos ya,
dame la mano y vamos ya.

Porque la vida es poca y la muerte mucha,
porque no hay guerra, pero sigue la lucha.
Siempre nos separaron los que dominan
pero sabemos hoy que eso se termina.

Dame la mano y vamos ya,
dame la mano y vamos ya.

 

Vals municipal

 

Una vez y otra vez
cantaremos la fiel serenata.
Díganme dónde está, cómo es,
Buenos Aires, la reina del Plata.

Es un hombre con una mujer
que se besan en Pampa y la vía.
Es el eco de un tango de ayer
que el zaguán no olvidó todavía.
Es un loco por Libertador
que matándose cruza la vida
y es la flauta del afilador
que recorre la calle Laprida.

Una vez y otra vez
cantaremos la fiel serenata.
Díganme dónde está, cómo es,
Buenos Aires, la reina del Plata.

Es un sol de Quinquela Martín
y es soñar con el mar desde el río.
Es la noche de Villa Piolín
que nos llena de culpa y de frío.
Es la guerra y la demolición
arrasando paredes y calles.
Es París en el teatro Colón
y en los libros de Plaza Lavalle.

Una vez y otra vez
cantaremos la fiel serenata.
Díganme dónde está, cómo es,
Buenos Aires, la reina del Plata.

Es un chico que piensa en inglés
y una vieja nostalgia en gallego,
es el tiempo tirado en cafés
y es memoria en la Plaza Dorrego.
Es un pájaro y un vendedor
que rezongan con fe provinciana.
Y también es morirse de amor
un otoño en el Parque Lezama.

 

Postal de guerra

 

Un papel de seda
flota en la humareda,
lleva la corriente
derramado el puente,
lágrimas…

La tarde se inclina,
pólvora y neblina.
La ceniza llueve,
silenciosamente,
lágrimas…

Ay…
¿Cuándo volverá
la flor a la rama
y el olor al pan?
Lágrimas,
lágrimas,
lágrimas…

Árboles quemados,
pálidos harapos.
Náufraga en la charca
se hunde una sandalia,
lágrimas…

Fantasmales pasos,
huyen en pedazos
Sombras y juncales
y un montón de madres,
lágrimas…

Ay…
¿Cuándo volverá
la flor a la rama
y el olor al pan?
Lágrimas,
lágrimas,
lágrimas…

 

Magoya

 

Hay un coso que nunca da la cara,
Dios berreta que está en ninguna parte,
comodín que inventás para quejarte
cada vez que te venden un buzón.

Andá, contásela a Magoya
la de comboys que nadie te creyó,
discurso de milicos
o cheque volador.
Estamos hasta aquí de cuentos chinos.
Andá, cobráselo a Magoya
que pagariola tu desilusión,
y el cuento de que Dios es argentino
andá corriendo, contáselo.

Hay un nadie que es víctima de todos
y es anónimo rey de la macana,
berretín que inventás de mala gana
cuando ves tanto crimen sin autor.

 

Barco quieto

 

No te vayas, te lo pido,
de esta casa nuestra donde hemos vivido.
Qué nostalgia te puedes llevar
si de la ventana no vemos el mar.
Y afuera llora la ciudad
tanta soledad.

Todo cansa, todo pasa,
y uno se arrepiente de estar en su casa,
y de pronto se asoma a un rincón
a mirar con lástima su corazón.
Y afuera llora la ciudad
tanta soledad.

No te vayas,
quédate.
que ya estamos de vuelta de todo
y esta casa es nuestro modo
de ser.

Tantas charlas, tanta vida,
tanto anochecer con olor a comida
son una eternidad familiar
que en un solo día no puede cambiar.
Y afuera llora la ciudad
tanta soledad.

Estos muros, estas puertas,
no son de mentiras, son el alma nuestra,
barco quieto, morada interior
que viviendo hicimos, igual que el amor.
Y afuera llora la ciudad
tanta soledad.

 

 

 

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