Seguridad

Antes de acostarse, recorrió la casa para asegurarse de que todo estaba en orden.

Puertas y ventanas cerradas, la alarma activada, las cámaras de seguridad encendidas, el cerco electrificado en funcionamiento, los perros entrenados en su lugar.

Solo olvidó quedarse del lado de adentro.

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El camino

La magia renació en miradas y caricias. Fue en aquel viaje.

El auto amurallaba la rutina y detenía la lluvia.

Por los vidrios empañados, el paisaje de la noche penetraba calmando la inquietud y deteniendo el tiempo.

El camino se dejaba recorrer. Abría de par en par sus certezas para acallar dudas y rencores. Y poder avanzar.

Todo un desafío atravesar la tormenta… Solo un momento para alcanzar el amanecer.

La cuna

José Pedroni  

Escritor argentino (1899 – 1968)

 

Haz con tus propias manos

la cuna de tu hijo.

Que tu mujer te vea

cortar el paraíso.

 

Para colgar del techo,

como en los tiempos idos

que volverán un día.

Hazla como te digo.

 

Trabajarás de noche.

Que se oiga tu martillo.

“Estás haciendo la cuna”

que diga tu vecino.

 

Alguna vez la sangre

te manchará el anillo.

Que tu mujer la enjuague.

Que manche su vestido.

 

Las noches serán blancas,

de columpiado pino.

Harás según el árbol

la cuna de tu niño.

 

Para que tenga el sueño

en su oquedad de nido.

Para que tenga el ángel

en un oculto grillo.

 

La obra será tuya.

Verás que no es lo mismo.

Será como tus brazos

la cuna de tu hijo.

 

Se mecerá con aire.

Te acordarás del pino.

Dirás: “Duerme en mi cuna”.

Verás que no es lo mismo.

Maternidad

José Pedroni  

Escritor argentino (1899 – 1968)

Fragmento

Mujer: en un silencio que me sabrá a ternura,

durante nueve lunas crecerá tu cintura;

y en el mes de la siega tendrás color de espiga,

vestirás simplemente y andarás con fatiga.

 

-El hueco de tu almohada tendrá un olor a nido,

y a vino derramado nuestro mantel tendido-,

Si mi mano te toca,

tu voz, con vergüenza, se romperá en tu boca

lo mismo que una copa.

El cielo de tus ojos será un cielo nublado.

Tu cuerpo todo entero, como un vaso rajado

que pierde un agua limpia. Tu mirada un rocío.

Tu sonrisa la sombra de un pájaro en el río…

 

Y un día, un dulce día, quizá un día de fiesta

para el hombre de pala y la mujer de cesta;

el día que las madres y las recién casadas

vienen por los caminos a las mismas cantadas;

el día que la moza luce su cara fresca,

y el cargador no carga, y el pescador no pesca…

-tal vez el sol deslumbre; quizá la luna grata

tenga catorce noches y espolvoree plata

sobre la paz del monte; tal vez el villaje

llueva calladamente; quizá yo esté de viaje…-

Un día un dulce día con manso sufrimiento,

te romperás cargada como una rama al viento,

y será el regocijo

de besarte las manos, y de hallar en el hijo

tu misma frente simple, tu boca, tu mirada,

y un poco de mis ojos, un poco, casi nada…

El viaje

La música gira como el viento

me lleva, asciende, se expande.

Miro tu rostro dibujado en el espejo

descubro colores y veo tus ojos.

 

Esa tarde fue mágica y fue nuestra

los hilos de luz cruzaban el ventanal.

Iluminaban tus silencios y mi voz

esa melodía embriagaba el aire.

 

Las teclas del piano en tus manos

desandando el misterio de lo fugaz.

Esos recuerdos como olas tempranas

nos despiertan mientras navegamos.